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El primer curso de Vipassana en una prisión Hindú fue conducida por el Señor S. N. Goenka, en la Prisión Central de Jaipur en octubre de 1975, fue organizado por el Sr. Ram Singh, que era en ese momento el Secretario de Familia del Estado de Rajasthan (similar al Gobernador de un estado en USA). A continuación están los comentarios del Sr. Ram Singh sobre este primer curso: Otro gran problema llegó cuando el curso estaba justo por comenzar. En ese tiempo se empleaba grilletes y esposas para los criminales duros. Cuatro de estos prisioneros fueron traídos al salón de meditación encadenados de esta forma, el señor Goenka estaba caminando en las cercanías y cuando él vio esto, estuvo atónito. Me preguntó que estaba pasando, y le dije que eran criminales muy encallecidos. Él exclamó: "¿Cómo puede la gente encadenada ser puesta delante de mí para meditar?. ¡Esto no puede suceder! "¡Remueva esas cadenas!". Pero el Inspector General de las Prisiones (IG) dijo que esto no podía permitirse, la seguridad en la prisión era su responsabilidad, el no podía remover estos grilletes y esposas. Sin embargo, el señor Goenka estuvo firme. Dijo que no podía enseñar el Dhamma a la gente encadenada que estaba sentada ante él. Él estaba dando el Dhamma; él había venido a remover estas cadenas. El IG le dijo que él podía remover las cadenas internas pero no las externas. El señor Goenka insistió en que aquellos que estaban meditando no podían estar encadenados. ¡Este era un gran dilema, un gran problema! El IG era un oficial muy experimentado. Me pidió que no le fuerce a relajar los requerimientos de seguridad para estos prisioneros. Él dijo que cualquiera de ellos podría tratar de ser un héroe, y estrangular al señor Goenka o a mí en un castañeteo de dedos. Discutimos el problema y finalmente llegamos al acuerdo de remover las cadenas y los grilletes. Un guardia armado sería colocado en un lugar estratégico para disparar a cualquier prisionero que comience a armar tumulto. Las caras de los prisioneros resplandecieron. Lágrimas profusas se deslizaron por sus mejillas. También se vertieron de mi cara, era un raro momento lleno de alegría después de tan alta tensión. |